Desechos Urbanos

diciembre 23, 2009

¿LEGALES PERO AMORALES?

Desde el día que caí en cuenta que los mayores problemas de México (y probablemente la causa de muchos otros… CORRIJO: Omito el “probablemente”), eran la corrupción y la doble moral, los sucesos cotidianos en la calle, con los amigos, dentro del seno familiar y en las instituciones sociales establecidas formal e informalmente (desde el Estado mismo hasta el equipo de futbol del barrio) han dado múltiples y tristes ejemplos sobre los dos grandes problemas nacionales.
Imaginaba empezar este blog con algunas observaciones sobre problemas sociales generados principalmente por la corrupción como sistema, amplia tela de donde cortar, generadora en gran medida del concepto central de este espacio “Desechos urbanos” (y de la creatividad de mi amigo Marcos); pero los sucesos más recientes no sólo me obligan a hablar de un tema que va más de la mano con la lucha moral tan arraigada en este país que con la corrupción…aunque, tarde o temprano terminaremos en este derrotero movidos, precisamente, por una moral crónicamente enfermiza.
El día de ayer, 21 de diciembre de 2009, se ha generado un hecho que sin duda hará historia en nuestro país ¿de qué manera? He ahí el conflicto. Partiendo de la base de que tanto la realidad social como la historia son constructos generados a partir de focalizaciones concretas de hechos nada objetivos (quitémonos esa telaraña de la cabeza), ante sucesos tan drásticos como el ocurrido ayer, urge una postura institucional que dejar para la memoria colectiva de futuras (y aún presentes) generaciones. Es pues, una batalla social en plenitud, un espacio de negociación social en que vemos enfrentados los dos grandes monstruos de la historia de estas tierras desde la época Colonial: el Estado y la Institución de la Iglesia Católica… y no la Religión, pienso yo, como se ha dado en hablar de ella; dado que la discusión planteada aquí tiene mucho más de doctrina política que de doctrina espiritual.
Se aprobó pues, en la capital del país, el matrimonio homosexual y la consecuente posibilidad de la adopción para este grupo social. Se aprobó un derecho que hasta antier era negado para esta comunidad. Y así mismo, se acentuó el hecho de que, en el resto de las regiones del país, tal derecho sigue negado para esta comunidad en particular. Como es evidente hasta ahora, lo moral ha intervenido a tal grado de la vida política pública, que es imposible concebirla aisladamente y por lo tanto, es imposible apartarla del mismo sistema político que nos gobierna: la corrupción.
Obviamente (lamento estar culturalmente habituada y aleccionada a obviar estas cosas) el grito de la Institución de la Iglesia Católica no se hizo esperar. A penas se dio el anuncio oficial de la ley que permite no sólo la “tolerancia” hacia la homosexualidad en nuestro país (termino bastante adulterado e hipócritamente adoptado desde hace algunos años), sino la igualdad de derechos tales como el matrimonio, cuando Norberto Rivera, el cardenal primado de México, calificó a ésta como una Ley inmoral, una aberración, inadmisible y condenable, así como injusta y arbitraria (¡Siempre es curioso oír hablar de arbitrariedad a los padres putativos de este concepto!).
La lucha por el cómo hacer pasar esta ley a la historia así como las sucesivas reacciones sociales hacia los sujetos que encarnen por primera vez la aplicación de la ley y ¡por supuesto! Los sujetos mismos, está siendo decidida ahora mismo en esta sociedad contradictoria. Ahora mismo se libran batallas discursivas, se negocian modos de observar y de perpetuar, se trata de adiestrar a los grupos sociales sobre conceptos como “tolerancia”, “derecho”, “igualdad”, “justicia”, pero también “moral”, “rectitud”, “naturaleza”, “pecado”, mismos que se disputan la forma de establecer una conceptualización sobre una ley que genera un conflicto interno en convivencia con las formas más retrógradas de entender estos mismos conceptos en un campo vecino ¿No somos el país que como acto reflejo, tras haber legalizado el aborto en la capital del país, se replegó excesiva y repugnantemente en el resto de los estados, no sólo negando dicha ley, sino señalando socialmente como completa inmoralidad y falta de humanidad a las mujeres que se atrevieran a hacer uso de este derecho? ¿No fue aquí, en 15 estados de la República que, tras la ley del aborto, surgieron propagandas profundamente institucionalizadas sobre el concepto anti-aborto, contrapuesto al de “asesinato”? ¿No fue aquí, en el estado de Jalisco, que el gobernador Emilio González Márquez buscaba una ley terriblemente moralina “a favor de la vida” que condenaba ya no sólo moral, sino legalmente a las mujeres que acudieran a las clínicas de aborto… misma ley que, además, pretendía buscar inmunidad al menos por 30 años?
¿Pero cómo asir una ley tan importante desde un punto de vista meramente legal en un país maniatado por las opiniones clericales? Es una respuesta que se antoja difícil, puesto que así como conceptualizaciones tales como “los derechos humanos”, “el avance social” o la “pluralidad étnica o ideológica” se encuentran atravesados por la corrupción que les impide funcionar como profesan, en el caso de la idea de “laicidad” la corrupción no sólo la atraviesa, sino que la vacía para llenarla precisamente de la participación de la Iglesia. Dicho de forma linda, este es un país que cuenta con una hermosa y espléndida laicidad-religiosa. Siendo así, no es extraño que en los asuntos del Estado, parezca existir la ineluctable necesidad de pedir parecer a una institución que, se supone, debe funcionar al margen de ésta (y es mucho suponer quizás que se cumpla el artículo tercero de la Constitución Mexicana). Así el púlpito sale a la calle a hacer proselitismo político-religioso, un proselitismo que deben tolerar, como si fuesen asuntos de gobierno, todos los miembros de la sociedad incluso aquellos que no profesan dicha religión, dado que la ley de que las ideas religiosas no deban impartirse en la vía pública sino sólo en recintos religiosos a los cuales la asistencia de sus feligreses deba ser voluntaria, se queda violada ampliamente desde hace décadas. Y ahora, hasta debemos escuchar que, si hacemos valer un derecho legalmente constituido, hace falta permiso de la Institución de la Iglesia Católica para que tal derecho sea benévolamente válido. Es decir, si llevamos a cabo nuestra vida de ciudadanos como marca la ley, somos entonces legales pero amorales, una dupla que parece pesar aún lo suficiente en nuestro resquicio de Colonia Católica ¿Qué sucederá entonces? ¿Una nueva Cristiada para demostrar quién manda aquí? (No sé por qué no me sorprende).
Si este es un país interesado en dar pasos hacia la re-definición de su sistema legal, librará pues esta disputa con argumentos legales pensados para los diversos grupos sociales, si por el contrario se aferra a perpetuar su carácter laico-religioso que perpetua las mismas relaciones sociales desde hace más de 5 siglos, y subsumir todo el sistema político al moral (bueno al mocho, no diremos que somos profundamente morales con los niveles de narcotráfico, secuestro, robo, piratería y espíritu gandalla que nos caracteriza ¿o sí?); si hacemos de una discusión social, un campo de preceptos condenatorios de orden personal ¿qué tipo de sociedad esperamos construir? ¿un mundo feliz sin aborto, sin matrimonios homosexuales, que se practica abortos clandestinos donde el ojo moral no ve… o se casa en ciudades “perdidas de la mano de Dios” en países donde es legal para venir al nuestro y hacer como que eso no sucede en las buenas familias (ja)? ¿Hacemos como si verdaderamente la moral pura estuviera en juego aquí, en los defensores más celosos del bien que, como sabemos, han “tolerado” y “perdonado” la pederastia? Supongo que ese es un tema más santo que el del matrimonio homosexual.
Como fuere, la discusión más que ser moral debería tornarse jurídica… pero si, como suele hacerse en esta sociedad, habría de entenderse moralmente ¿Qué tipo de moral es la que se erige como “apta” para juicios tan desiguales?
Ahora mismo estamos escribiendo la historia, en este momento se negocian los conceptos de la memoria.

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5 comentarios »

  1. Rebe!!!! sé rebeLDE!!!! y deja fluir tus ideas, me parece que expresas en este texto el sentir de muchos y las acciones de otro. México padece de bipolaridad, no sólo es la doble moral sino la doble intención con la que hacemos las cosas!!! ánimo con el blog…. mi Homo Zappigs se sumará a tu causa!!!

    Comentario por Darwin Franco — diciembre 24, 2009 @ 1:56 am | Responder

  2. Hablando de doble moral o de la única moral existente para las televisoras!

    Te dejo el link de mi columna:

    http://www.buzos.com.mx/382/esp_zappings.html

    Comentario por Darwin Franco — diciembre 24, 2009 @ 2:13 am | Responder

    • Gracias Darwin por tu lectura. Con mucho gusto leo y distribuyo tu columna. Un abrazo.

      Comentario por alguienfg — diciembre 24, 2009 @ 2:19 am | Responder

  3. Aquí, en la capirucha se dijo que Ebrard no permitiría los matrimonios gay… él es gay y es un secreto a voces… pero aprobarlo es políticamente incorrecto… lo de la Iglesia católica… es el discurso oficial, que Dios los hizo complementarios, aunque deberían de superar eso y aceptar que el amor tiene diferentes manifestaciones, sin importar el sexo al que se pertenece…

    Felicidades por abrir este espacio crítico y lógico!!!

    Brenda

    Comentario por Brenda — diciembre 28, 2009 @ 5:21 pm | Responder

  4. Quizá haría falta contextualizar históricamente esta discusión. La legalidad como lo dices no puede ir separado de la moral y desde luego el Estado laico no tiene nada qué ver con la Iglesia, salvo en México… Sin duda somos un país lleno de contradicciones.
    Las discusiones sobre el aborto y el matromonio homosexual en realidad no creo que tengan un trasfondo moral o religioso, ese es en apariencia su ropaje conceptual, pero creo que en el fondo, el asunto no va por ahí. La discusión que está en esto temas es un asunto político partidista, para las próximas elecciones presidenciales. Si bien el PAN hace evidente, por su tendencia neoconservadora, sus vínculos con la jerarquía católica, su interés de fondo es acarrear agua para su molino, dando evidencias de su postura “moral” ante peliagudos y escandalosos temas. Recordemos que el PAN utilizó como estrategia de campaña política en Jalisco el supuesto “blindaje antiaborto” –que por cierto es anticonstitucional– con el fin de que el PRI, que había menajado una postura de apertura para su aplicación en Jalisco, declarara su rechazo ente el “blindaje”. Desde luego, el PRI no cayó en la provocación y adoptó la posición de participar en el “blindaje”, porque era lo que más convenía para su campaña.
    Creo que lo que se está ensayando en el DF es una estrategia de campaña para una corriente del PRD, la representada por Marcelo Ebrad, para medirle el agua a los camotes y ver con cuánta gente puede contar. Si recordamos en las pasadas elecciones fue la misma estrategia utilizada por el PSD y por el PVEM. El primero hablaba de legalizar las drogas y no sé cuántas reformas liberales para el país. El resultado obtenido fue la pérdida del registro; mientras que el segundo, si recuerdas, tuvo como estrategia de campaña la legalización de la pena de muerte para secuestradores y como resultado, en diversos estados del centro y norte del país fue convertirse en la tercera fuerza política, incluso desplazando al PRD.
    Desafortunadamente, y esto es algo que produce muchísima risa, es que en el escenario de nuestra tragicomedia política mexicana, las reformas fiscales, jurídicas, políticas, etc. tienen un trasfondo partidista, que no político, aunque estos sea coplicado de entender. Es decir, la intención es mover conciencia, acarrear agua para los diferentes molinos.
    Nada más que nuestros políticos no se caracterizan por comprender a fondo a este país. Su desconocimiento histórico, social y cultural de México es sorprendente. Al PAN no le dio resultado su “blindaje antiaborto”, porque en su cabeza creen entedner lo que la gente quiere. El PAN nunca creyó posible que el PRI pudiera regresar a retomar el poder (como si en verdad lo hubiera perdido). En fin, creo que el tema es muy interesante y la reflexión que propones es sugerente y provocadora. Bien hecho, a darle que lo que nos hace falta es precisamente producir ideas y discurtirlas.
    Saludos Rebe

    Comentario por Ernesto Rodsan — enero 4, 2010 @ 6:08 pm | Responder


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